MI DIOS LE PAGUE

Las personas van y vienen todo el tiempo, unas con más trascendencia que otras, tejiendo redes en las que conectan sensibilidades que dibujan esos retratos que robaron nuestra atención en alguna ocasión convirténdose en parte de nuestra cotidianidad del momento, y esas cotidianidades son para compartir. Al compartir se van tejiendo redes cada vez más grandes, y eso es en escencia Mi Dios le Pague, un espacio para compartir, compartir las historias de esas personas que habitan en nuestra memoria y que pueden ser sus amigos, o sus hermanos, o sus tíos, o el que les vende el tinto en la mañana, o el que sabe de algo, o no sabe de nada.